Iglesia de La Concepción

La ermita de Nuestra Señora de la Concepción fue núcleo del urbanismo orotavense. Su construcción se inició en 1498, gracias a la protección del obispo fray Diego de Muros, y en el año 1503 fue erigida en curato. Dice en sus sinodales el obispo Arce que pronto quedó pequeña, por lo que en 1514 el maestro cantero Diego González dirigió una primera ampliación, terminada antes del 22 de julio de 1516, ya que en esa fecha se celebraron allí las solemnidades religiosas de la proclamación  del príncipe Carlos como rey de Castilla. En el año 1528 el pintor Andrés de Illescas decoró el techo de su capilla mayor. Por real cédula de  de diciembre de 1532 se consolidó el beneficio, legalizando su existencia como sede de colación.

La feligresía aumentaba rápidamente en número y riqueza, por lo que en 1546 se hizo necesario alargar la nueva iglesia creando para ello dos capillas colaterales.

El 23 de julio de 1605 el obispo Martínez ordenó que >>la puerta principal de dicha iglesia se pase a la puerta de la plaza, donde está la colateral, y habrá mas lugar para entrar la gente a la iglesia, en la cual se harán sus gradas por la parte de afuera cuando fueren necesarias>> Esta entrada norte tenía fuera una escalera para subir hasta el interior; para acceder al templo por el sur se descendían unas gradas dentro de él. José Antonio de Anchieta y Alarcón (1705 – 1767) lo conoció así, y cuenta que bajo esos escalones había un osario. E ese año, en 1605 terminaron el escultor Pedro de artacho Arbolanche y sus hermanos Juan y Bartolomé de Artacho el primitivo retablo de la capilla mayor. Luego, en 1632, los maestros canteros Rivero, Rodríguez Bello y Luis de Morales edificaron la capilla de la Vera Cruz, y labraron la vieja portada principal, cuyos restos se encuentran hoy incorporados a la puerta de la nave de la Epístola, que continúa abriendo al norte. La primitiva torre campanario, terminada en 1637, fue obra de los alarifes José Rivero y Francisco Rodríguez.
En 1673, el beneficiado Buenaventura Pérez Manuel pidió licencia al prelado Bartolomé García Ximénez para alargar y enriquecer la capilla mayor. De esa época es el artesonado de estructura ochavada, talla rica y de minuciosa labor, realizado por los maestros Pedro Hernández y Simón González, que actualmente puede contemplarse en el techo de la sala del tesoro. 

Entre 1689 y 1691 se levantó un nuevo altar mayor, hoy de la inmaculada, en la colateral del evangelio, cuya carpintería hizo Francisco Acosta Granadillo, inspirándose en el desaparecido del santuario de Candelaria y lo doró en 1716 Rodríguez Riverol. Casi simultáneamente se construyó el retablo de San Pedro, en la capilla de la Epístola. Ambas obras, fueron recuperadas del antiguo templo y colocadas en el nuevo, donde pueden verse actualmente.

Los trabajos de ampliación de la vieja iglesia se terminaron en 1700, adosándose una nueva capilla y agrandándose una vez el presbítero. Pero a consecuencia de los terremotos que provocó el volcán de Güímar, que empezaron el 24 de diciembre de 1704 y duraron hasta el 27 de marzo de 1705, la vieja iglesia quedó muy seriamente dañada.

El 14 de febrero de 1705 disminuyeron notablemente los temblores, y el Ayuntamiento hizo voto solemne de asistir perpetuamente en corporación a una misa cada año y en ésta fecha, celebrada en honor de la Santísima Virgen de Candelaria, a cuya celeste protección se había acogido el pueblo de la Orotava. La Iglesia quedó dañada pero se pensó que tendría remedio, por lo que se hicieron trabajos de consolidación y reparación en 1728 y otra vez en 1739, sin que surtieran efecto. Por ello, en 1758, ante la inminente ruina, el canónigo y visitador general, Estanislao de Lugo Viña y Franchi Alfaro (1708 – 1781), prohibió que se subiera al tejado. Once años más tarde, el desplome era irremediable, y tras un exhaustivo reconocimiento, finalizado el 7 de abril de 1768, el siguiente 27 de junio comenzó su derribo, sólo después de trasladar el Sacramento a la iglesia del convento de San Agustín, en tanto se adecuaba el cercano templo de las dominicas, que haría de parroquia hasta la conclusión de la obras.

La fábrica del nuevo templo parroquial se inició oficialmente, concluidos los cimientos, el 11 de diciembre de 1768, siendo obispo de Canarias Francisco Delgado Venegas, y de ello da testimonio la inscripción latina que se puede leer en la torre norte. Traducida dice:

Señor, mira con benignos ojos a este pueblo que para alabanza y gloria de tu Nombre y de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María levantó este templo desde sus cimientos en la estrechez de los tiempos, bajo los auspicios del Ilmo. Sr. D. Francisco Javier Delgado y Venegas, Obispo de Canarias, cuya primera piedra fue colocada bajo la puerta oriental el día 11 de Diciembre de 1768, gobernando a la Iglesia S.S.N.P Clemente XIII y ostentando el Cetro de España Carlos III.

Los trabajos se iniciaron gracias a las aportaciones de la nobleza orotavense, del pueblo y de los indianos, y de una decisiva aportación de la Corona, gracias a las gestiones de los jueces y ayuntamiento de la Villa de la Orotava, que catorce años antes, en 1754, habían elevado conjuntamente una memoria al Real y Supremo Concejo de Indias (órgano muy importante que asesoraba al rey), en la que se exponía la amenazadora situación del edificio, razonando la necesidad de auxilio técnico y económico, merecido por tratarse de una parroquia de patronato real, esencial como consecuencia de la crisis del comercio del vino. La súplica dio resultado, y ese mismo año el comandante general Juan de Urbina, encargó al ingeniero militar Francisco Gozar los planos de la nueva iglesia. Como el solar era corto, para os más de 9.000 habitantes con que contaba la Villa en aquel entonces, se proyectó agrandar la iglesia, para lo cual se compraron los sitios colindantes, invirtiendo ya unos 6.000 pesos en tallar piedra y acumular materiales.
 
El 24 de noviembre de 1756, en ingeniero Francisco Gozar expuso el proyecto a realizar y encargó al maestro cantero Patricio José García el peritaje de la construcción. Se nombraron administradores de las obras a Francisco Román y Lugo, a Juan Francisco de Franchi y a Alonso de Llarena Carrasco. Aunque el 19 de junio de 1976, el intendente de la construcción, Francisco Román y Lugo, fue sustituido por su avanza edad, por Domingo de Valcárcel y Llarena.

Accediendo a lo solicitado al Real y Supremo Concejo de Indias en 1754, como ayuda para la construcción del nuevo templo, el rey concedió licencia, en 1769, a dos navíos de registro supernumerarios para que vendieran libremente en la Guaira (Venezuela) 300 toneladas de vinos y aguardientes. Las licencias fueron adjudicadas a Francisco Bautista Benítez de Lugo y Saavedra, señor de Fuerteventura, por 42.000 pesos, que debía abonar en diferentes plazos. Con tales ingresos se dio un decisivo impulso a los trabajos de construcción del nuevo templo. En esa época, Ventura Rodríguez, arquitecto real, recibió los planos originales de Francisco gozar para su inspección y reforma.

En 1775, los fondos económicos se agotan, por lo que su promotor, el capitán Llarena Carrasco, moviliza l teniente coronel Juan Franco de Castilla, que elevara un nuevo memorial al rey, solicitando que flete un tercer navío, pero está vez de 200 toneladas de registro, con cuyas ganancias se podría concluir la construcción del templo. Es ésta ultima petición se incluía un estudio y la certificación de construcción del templo, ambos por el técnico Patricio José García, en el cual se especificaba que ya estaban construida la puerta principal, el balcón sobre ésta, una de las torres y la mitad de la otra; pero faltaban los cuatro arcos torales, la cúpula del crucero y las bóvedas.
El Real Concejo de Indias, a comienzos de 1787, confirmó como director de la obra al capitán Alonso de Llarena Carrasco, sustituyendo a Juan Francisco de Franchi y designó nuevos intendentes representantes del real patronato. El cometido de Alonso de Llarena, como gerente y principal responsable de los trabajos, era recaudar y administrar los fondos necesarios, provenientes del erario público, y de las limosnas de los fieles, que muchas veces adelantó altruistamente; aparte de explicar los diseños del arquitecto a los técnicos, y delineó las plantillas para la cantería de las columnas, el cimborrio y la cúpula. Él fue el alma de la obra, aficionado a la arquitectura, nada se hizo sin su previa aprobación.

Con bastante retraso, en 1784, después de siete años, llegaron a La Orotava las rectificaciones a los planos de Francisco Gozar, realizadas por el arquitecto real, pero solo se tuvieron en cuenta para la cúpula y el sistema de cubiertas.

El templo de la Concepción, que es aclamado como el cimero monumento barroco de las Islas Canarias, fue financiado en gran medida por el rey Carlos III. Viera relata que ante las reiteradas solicitudes de dinero, el monarca exclamó: . En 1788, el director de la construcción del templo, capitán Alonso Llarena y Mesa y los responsables del patronato, tubo la satisfacción de a la Real Audiencia de Canarias que el edificio parroquial estaba listo para ser utilizado.


Placa conmemorativa II AniversarioPlaca conmemorativa II Aniversario

El 7 de diciembre de 1788 el doctor Antonio Martínez de la Plaza, obispo de Canarias y benefactor del edificio, lo inauguró personalmente. Consagrado solemnemente en 1879 por el obispo de Tenerife, doctor Ildefonso Infantes y Macías. Y el templo fue declarado monumento histórico-artístico nacional el 18 de julio de 1948.

La Orotava, corazón de Tenerife.

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